 Sus caras impolutas se me parecen a otras más actuales
En Tinta fresca por Jaime Gamboa en la nacion.com. Hace unos años conocí a unos tipos que, de primera entrada, me causaron
una impresión excelente. Eran gente muy seria, que hablaba con
rigurosos documentos en mano y exponía sus propósitos con un aura de
honestidad incuestionable. Recuerdo como si fuera ayer sus caras bien
rasuradas, sus relucientes uñas de salón, su lenguaje depurado y su
perfume de aeropuerto.
Con gráficos y estadísticas sin margen de error, demostraban la
indudable viabilidad y el enorme beneficio que tendría para Costa Rica
el que ellos (bueno, no ellos, sino su compañía, que no era
precisamente suya, sino de una corporación con un capital más grande
que el presupuesto del estado costarricense), el que ellos, repito,
hicieran unas cuantas perforaciones en el subsuelo marino e instalaran
unas cuantas torres para extraer petróleo frente a la costa atlántica
de nuestro país.
Por aquel tiempo, habían ocurrido accidentes de grandes barcos-tanque llenos de petróleo. Uno en Alaska y otro frente a las costas de Galicia, habían dejado negros y aceitados cientos de kilómetros de costa en esos países, con el consiguiente saldo de muerte de especies marinas y aves, y el descalabro de toda actividad en los puertos y villas de pescadores.
Los brillantes tipos de la compañía utilizaban esos desastres como ejemplo: “¿Ven? Es mucho más peligroso tener un buque petrolero en Limón, que abrir unos cuantos pozos”. Y luego agregaban, con una expresión capaz de convencer hasta al Papa: “Es absolutamente imposible que ocurra un derrame en una de nuestras plataformas”. Sus caras impolutas se me parecen mucho a otras más actuales: veo las caras convincentes de quienes afirman que las pocas tortugas baulas que quedan no van a dejar de anidar en playa Grande por instalar ahí unos cuantos hoteles de cinco estrellas. Y también parecen súper confiables las caras de los que afirman que nunca va a ocurrir un derrame de cianuro en las enormes pailas de la mina a cielo abierto, que la Sala Cuarta autorizó a construir en Crucitas. Tienen cara decente los que mandan a demoler casas viejas, que forman parte del patrimonio de todos nosotros, con plena conciencia de que están haciéndole un daño irreparable a nuestra herencia común... En estos días, una de aquellas “ultraseguras” plataformas petroleras de las que hablaban los tipos de la compañía, se hundió en medio del golfo de México, provocando un derrame que habría liquidado todo el valor ambiental y turístico de Limón en solo tres días. Me encantaría ver a esos tipos ahora: ¿con qué cara llegarán de nuevo a vender sus cuentos chinos? |