Por Jacobo Mogollón Villar - Guatemala,
10 de mayo de 2007.Las megaplantaciones de palma presentan graves riesgos para las comunidades en los ámbitos social y ecológico.En muchas zonas rurales del país el paisaje se ha ido modificando. Lo
que anteriormente estaba ocupado por bosques o cultivos tradicionales,
ahora ha sido substituido por grandes extensiones de palma africana.
Regiones como el Ixcán, la costa suroccidental o áreas de Petén e
Izabal están ahora en la mira de compañías transnacionales que buscan
explotar sus recursos naturales, con un costo grande para el país y una
ganancia casi exclusiva para ellos.
El cultivo de esta planta se ha presentado por empresarios y
gobernantes como una alternativa económica y energética. Se dice que al
mismo tiempo que el aceite extraído de ella sirve para generar
electricidad mediante métodos menos contaminantes, la introducción de
este cultivo abrirá oportunidades de empleo, construcción de
infraestructura, educación y salud.
Las megaplantaciones de palma presentan graves riesgos para las
comunidades en los ámbitos social y ecológico. Se ha comprobado en
diversos estudios científicos que la manera en que se producen los
biocombustibles entraña serios riesgos y en lugar de disminuir la
contaminación por dióxido de carbono al utilizar estos carburantes, el
balance es negativo al tomar en cuenta que para producir de forma
lucrativa estas materias, se arrasan grandes zonas de bosque húmedo
tropical. Además, las plantaciones son saturadas de fertilizantes
químicos y herbicidas que terminan contaminando las fuentes de agua.
En un país con altos niveles de conflictividad en torno a la tierra, el
uso exclusivo de grandes extensiones para sembrar palma africana
amenaza con agudizar esta problemática. Muchos campesinos serán
expulsados o presionados para abandonar sus medios tradicionales de
subsistencia y sus territorios ancestrales para dedicarse a esta nueva
actividad. Usualmente las máquinas necesarias para procesar la materia
prima están en manos de latifundistas o grandes empresarios. El
producto final que se obtiene se ofrece a bajo costo en el mercado
internacional, siguiendo la lógica del mercado, no refleja el gasto
ecológico ni las consecuencias sociales de su obtención.
Para los
países productores y su población quedan los bajos salarios, recursos
naturales agotados, aumento de la dependencia económica del exterior
(al mantener un modelo agro exportador) y diversos costos sociales y
culturales. Es bastante claro que de la manera en que se proyecta esta
nueva actividad “productiva” tendría como resultado la eliminación de
la agricultura campesina para transformarla en una producción
concentrada en pocas manos, usualmente de transnacionales o empresarios
latifundistas locales.
Al parecer, esta iniciativa empresarial que anuncia nuevas “oportunidades de inversión” sólo disfraza la vieja
dinámica de acumulación capitalista, concentrar las ganancias en pocas manos y únicamente socializar las
pérdidas económicas y ambientales.
Fuente: El Informador Rural - Boletín Semanal de la Plataforma Agraria - Año 6. No. 14. Semana del 24 al 30 de abril de 2007
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